Pasé una crisis con la pintura. Quería pintar y no podía. Dibujaba alguna idea y rápidamente la descartaba, me encontraba con “el lienzo en blanco”. Me sentía fracasada, me faltaba una parte de mí… fue una época oscura.

Cerca de donde vivía entonces  hay unas casas de otra época  y una calle por la que  pasaba con regularidad pero no me paraba ni miraba, solo transitaba.

Un día algo llamó mi atención, me salió al paso y me hizo detenerme. Era un azulejo antiguo en la pared. Me paré, lo observé y me gustó. Esa noche soñé con el azulejo como si fuera un tesoro.

Al día siguiente pasé por el mismo lugar y vi que junto al azulejo había una puerta. Estaba cerrada, era antigua, algo me atraía de ella… estaba cerrada y me recordaba la situación que yo vivía en ese momento. Algunos días después decidí pintarla.

Después de mucho tiempo pinté el cuadro sin problema en pocas sesiones, disfruté haciéndolo y poco a poco salí de la situación que estaba.

Más adelante pinté la puerta abierta como símbolo del paso de una situación cerrada a volver a tener el futuro abierto.